domingo, 31 de mayo de 2009

Atención Al Cliente

Hay personas distraídas y tranquilas, que pasan la mayor parte de su tiempo pensando en todo tipo de cosas. También hay de las personas con ojo agudo, de las que se dan cuenta de todo, muy observadoras. Yo creo que tengo un poco de ambas, sin embargo podría añadir algo de mi propia cosecha y sería el matiz de la irritabilidad.

Muy pocas cosas me molestan, y menos aún que me puedan sacar de mis casillas. Esta entrada está dedicada justamente a una de estas perlas que podemos encontrar a la mitad de nuestro día y aunque para algunos no sea importante, a mi me jode la vida.

Mientras paseo por un supermercado (suelo hacerlo, me gusta tomarme tiempo sobretodo en elegir que comeré esa semana) a veces me da sed, a veces me da hambre. Felizmente existen estas estaciones donde uno puede parar un rato comerse una empanada + chicha y proseguir con las compras.

Un día me acerco a la antes mencionada, y pido un hot dog y una coca cola. Indico claramente que no quiero hielo en la coca cola y el hot dog lo quiero caliente, mas no el pan. Además de todo esto, voy a querer las papitas al hilo, mayonesa, ketchup y mostaza. Ají NO PORFAVOR. La señorita asiente con la cabeza y luego de un rato vuelve con la coca cola llena de hielo, y el pan del hotdog hirviendo. No iba a decir nada, porque si bien es cierto que ya estaba con "la vena" un poco hinchada, preferi sentarme y no malograrme la tarde. Cuando abrí el pan, me di cuenta qué, además de las salsas que había pedido, tenía ají.

Me acerque calmadamente al mostrador y lancé el pan abierto pronunciando un severo "TE DIJE QUE NO QUERIA AJI Y ACA, HAY AJI". La señorita sin demostrar asombro o pena alguna me contestó "Disculpe, joven" y tomó mi sandwich y con un cuchillo raspó gentilmente el ají del mismo, cerró el pan y me lo devolvió, "Ya joven".

Lo que a continuación ocurrió no está a la altura de este honorable blog, sino más bien a Hostel, the movie.

Otro día me encuentro en otro supermercado (una cadena diferente) y me acuerdo que estaba llevando unos shorts y unos polos en el carrito, además de unos vinos. Cuando me acerco a las cajas me doy cuenta que de las 38 cajas, sólo estaban abiertas 4 para el público. Las otras parecían esas casetas de policía de tránsito de los años 80 que parecen monumentos retro de nuestra ciudad.

Hice la cola. La señorita cajera había visto que éramos varios en la cola. Sin embargo, esperó cual Macciavelo a que fuera mi turno de pagar y que ya había puesto mis cosas en la faja transportadora, para que con un silencio sepulcral pusiera el letrerito de "FAVOR DE PASAR A LA SIGUIENTE CAJA" y se saliera de su sitio. Al igual que en el ejemplo anterior, me armé de paciencia y cojí mis cosas y efectivamente me fuí a otra caja.

Cuando nuevamente llegó mi turno, llegó la San Pedro de los supermercados con sus millones de llaves para arquear la caja. Demoró 10 minutos. Y cuando miró mis productos me dijo "Puede pasar a la otra caja porfavor, porque vamos a realizar el mantenimiento". Y naturalmente, Hostel II, the movie.

Y he aquí la crítica de hoy: estas personas que atienden al público, es decir, personas de "servicio" no debería pasar por un riguroso entrenamiento. Lo sé porque es mi área, yo también soy de "servicio". Una persona que atiende al público, no puede estar cansada, con problemas, enferma ni salirse del reglamento. Y más bien mantener una higiene estricta, ser más que atenta, dedicada. Sonreir, y sobretodo solucionar problemas de manera inmediata. Señores empleadores: no basta que la persona acepte ganar 400 soles al mes, no basta con dar un reglamento ni basta que pase el test de psicología... HAY QUE ENTRENAR.

Y sigo comprando en supermercados, sigo yendo al cine, sigo haciendo colas para todo; con la ferviente esperanza de que algún día todos, hasta el que cobra el pasaje en el transporte público, me atienda bien.

domingo, 24 de mayo de 2009

El Curriculum Perfecto

Hace unas semanas tuve la necesidad de delegar parte de mi trabajo, puesto que la carga ya se estaba haciendo pesada. Como un tiro al aire, solté una propuesta en la web, en una página popular de busca-empleo. Indiqué lo que consideré necesario: el horario, la paga, y mi dirección electrónica para que algún estudiante de los últimos ciclos de la carrera afín, me enviara su CV.

De alguna manera, tenía un plan backup por si mi bandeja de entrada se mantenía vacía toda la semana y éste consistía en realizar algún contacto con las universidades e institutos. Probablemente iba a pegar algún anuncio en sus períodicos murales.

Para mi sorpresa, ésto no fue así y recibí más de cien curriculums esa semana. Desgraciadamente, esa no fue mi sorpresa mayor y es que al ir abriendo los CVs uno a uno, me fui dándo cuenta que la primera clasificación que debía realizar inmediatamente en mi proceso de selección, no sería tomando en cuenta los "Estudios realisados" o los "Trabajos desenpeñados" sino de los que tuvieran faltas ortográficas de los que no. !Era terrible!.

De los cien iniciales, quedaron el cincuenta porciento, y aunque pude no ser tan estricto me era imposible no descartarlos. Obviamente, a estas alturas me di cuenta que lo que supuse me iba a tomar sólo una hora y finalizaría con una llamada de teléfono a mi futuro ayudante estrella, iba a tomarme toda la tarde. Fui por café.

De los CVs que me quedaban, descarté los absurdos. Habían unas fotografías que tuve que mostrar a mis amigos. Chicos que estaban sin polo en la playa o tocando guitarra en el sofá de su casa. Señoritas que posaban para la sección "Charapitas ardientes" de los diarios de S/. 0.50 ó que habían sido recortadas de una foto con más personas. Yo sé que nada de ésto nos va a decir algo de las aptitudes o inteligencia de los estudiantes, pero hago yo una pregunta, ¿Cuál es el criterio?

Y he aquí la crítica: ¿Qué están enseñando a los alumnos? Muchos dirán que no se puede enseñar a tener sentido común, pero no es la completa verdad. Los profesores no se pueden ceñir a entrar al aula escribir su clase en la pizarra, o pasar diapósitivas, o entregar separatas y luego irse. Ellos deben enseñar a tener sentido común y continuar el trabajo que quizá los padres por razones diferentes nisiquiera comenzaron en algunos casos.

Pero para continuar con la historia, tuve que seguir navegando entre curriculums que decían exáctamente lo mismo. Ejemplo:

Soy un joven profesional y proactivo. Altamente capacitado para la toma de decisiones, desarrollador de capacidad propia, apasionado por su trabajo y por obtener un buen desempeño en su labor, con ganas de trabajar en equipo. Persona disponible a cualquier hora de emergencia a solicitud de trabajo. Soy una persona creativa, responsable en el trabajo y deportista.

O seaaaaaaa ? Todos eran proactivos, creativos y puntuales. Todos tenían "capacidad para trabajar bajo presión" y demás tonterías, que podría apostar mi vida nadie sabía que significaban. El nivel de redacción era tán mínimo que podíamos encontrar personas que sabían "todo lo que es excel" o "nivel de inglés: básico y avanzado". ¿Desarrollador de capacidad propia? Give me a freaking break !

Después de cuatro horas, tenía menos de cinco CVs y nacía un terrible temor dentro de mi: ¿existirá un buen curriculum? (¿o al menos decente?).

Entre mis finalistas estaba el que se adulaba tanto que sólo faltaba ponerle corona dorada a la foto: "Creo firmemente que la empresa se beneficiará con mis habilidades y destrezas". El que solito se puso sueldo: "Pretenciones salariales: 750 soles mensuales, 5 días a la semana, sólo 8 horas por día". El progresista que había nacido en Pucallpa, estudiado ahi, trabajado como mozo y solventó su viaje a Lima y acá está "ayudando" en la bodega de la tía y así paga sus estudios y quiere trabajar en mi empresa para luego pagar su viaje a Italia dónde hará una maestría. La niña de mamá que sus tres referencias laborales eran personas con su mismo apellido. Y finalmente la que quería quitarme el trabajo "Asumiré toda responsabilidad para así ir escalando a todos los niveles de la empresa y establecerme en ella sólidamente".

Llamé a los cinco para una entrevista. Vamos a ver que pasa.