Hay personas distraídas y tranquilas, que pasan la mayor parte de su tiempo pensando en todo tipo de cosas. También hay de las personas con ojo agudo, de las que se dan cuenta de todo, muy observadoras. Yo creo que tengo un poco de ambas, sin embargo podría añadir algo de mi propia cosecha y sería el matiz de la irritabilidad.
Muy pocas cosas me molestan, y menos aún que me puedan sacar de mis casillas. Esta entrada está dedicada justamente a una de estas perlas que podemos encontrar a la mitad de nuestro día y aunque para algunos no sea importante, a mi me jode la vida.
Mientras paseo por un supermercado (suelo hacerlo, me gusta tomarme tiempo sobretodo en elegir que comeré esa semana) a veces me da sed, a veces me da hambre. Felizmente existen estas estaciones donde uno puede parar un rato comerse una empanada + chicha y proseguir con las compras.
Un día me acerco a la antes mencionada, y pido un hot dog y una coca cola. Indico claramente que no quiero hielo en la coca cola y el hot dog lo quiero caliente, mas no el pan. Además de todo esto, voy a querer las papitas al hilo, mayonesa, ketchup y mostaza. Ají NO PORFAVOR. La señorita asiente con la cabeza y luego de un rato vuelve con la coca cola llena de hielo, y el pan del hotdog hirviendo. No iba a decir nada, porque si bien es cierto que ya estaba con "la vena" un poco hinchada, preferi sentarme y no malograrme la tarde. Cuando abrí el pan, me di cuenta qué, además de las salsas que había pedido, tenía ají.
Me acerque calmadamente al mostrador y lancé el pan abierto pronunciando un severo "TE DIJE QUE NO QUERIA AJI Y ACA, HAY AJI". La señorita sin demostrar asombro o pena alguna me contestó "Disculpe, joven" y tomó mi sandwich y con un cuchillo raspó gentilmente el ají del mismo, cerró el pan y me lo devolvió, "Ya joven".
Lo que a continuación ocurrió no está a la altura de este honorable blog, sino más bien a Hostel, the movie.
Otro día me encuentro en otro supermercado (una cadena diferente) y me acuerdo que estaba llevando unos shorts y unos polos en el carrito, además de unos vinos. Cuando me acerco a las cajas me doy cuenta que de las 38 cajas, sólo estaban abiertas 4 para el público. Las otras parecían esas casetas de policía de tránsito de los años 80 que parecen monumentos retro de nuestra ciudad.
Hice la cola. La señorita cajera había visto que éramos varios en la cola. Sin embargo, esperó cual Macciavelo a que fuera mi turno de pagar y que ya había puesto mis cosas en la faja transportadora, para que con un silencio sepulcral pusiera el letrerito de "FAVOR DE PASAR A LA SIGUIENTE CAJA" y se saliera de su sitio. Al igual que en el ejemplo anterior, me armé de paciencia y cojí mis cosas y efectivamente me fuí a otra caja.
Cuando nuevamente llegó mi turno, llegó la San Pedro de los supermercados con sus millones de llaves para arquear la caja. Demoró 10 minutos. Y cuando miró mis productos me dijo "Puede pasar a la otra caja porfavor, porque vamos a realizar el mantenimiento". Y naturalmente, Hostel II, the movie.
Y he aquí la crítica de hoy: estas personas que atienden al público, es decir, personas de "servicio" no debería pasar por un riguroso entrenamiento. Lo sé porque es mi área, yo también soy de "servicio". Una persona que atiende al público, no puede estar cansada, con problemas, enferma ni salirse del reglamento. Y más bien mantener una higiene estricta, ser más que atenta, dedicada. Sonreir, y sobretodo solucionar problemas de manera inmediata. Señores empleadores: no basta que la persona acepte ganar 400 soles al mes, no basta con dar un reglamento ni basta que pase el test de psicología... HAY QUE ENTRENAR.
Y sigo comprando en supermercados, sigo yendo al cine, sigo haciendo colas para todo; con la ferviente esperanza de que algún día todos, hasta el que cobra el pasaje en el transporte público, me atienda bien.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
mas te quejas mas te hundes
Presentate y explicate..
Publicar un comentario